MIKE COOKE: EL RECONOCIMIENTO PARA UN GRANDE QUE SE QUEDÓ EN EL BOLSÓN

en Comarca Andina/El Bolsón/Magazine42 por

Una publicación del diario La Nación, pone en los escenarios más elevados al mítico Mike. Se adaptó a la Patagonia pero sigue siendo un rockero inglés.

Vecino de Clapton y Richards en su infancia londinense, son características que utiliza el autor de la nota en el segmento Rolling Stone para poner a Mike entre los grandes, y hacer quizás un comparativo, tras el descubrimiento de un hombre típicamente representativo de esa «cultura urbana» de los rockers que marcó la tendencia musical de la década del 50.

La crónica de Bruno Larocca señala que Cooke pone play en un pequeño radiograbador y agita el hielo de una medida doble de whisky que acaba de servirse en una taza de cerámica despintada. Es un mediodía de verano en una zona de chacras de El Bolsón y afuera de la modesta casa de ladrillos y techo a dos aguas en la que vive solo, rodeado de plantaciones de frutos rojos y vacas, el sol derrite hasta el último milímetro de nieve en la cima del cerro Perito Moreno. «Yo soy adicto al escenario», dice Mike sentado cruzado de piernas, vestido con camisa beige manga corta, bermudas negras, zapatillas de running, los ojos celestes como cristales y el pelo blanco peinado prolijamente hacia atrás. «Tengo tres carpetas llenas con letras de canciones, pero nunca me interesó grabar hasta ahora que, debido a mi edad, dejé el trabajo en la construcción y puedo dedicarme por completo a la música.»

De fondo se escucha su voz rasposa cantando un blues inspirado en la música de Kentucky. El disco debut de rock & roll, rythm & blues y baladas en inglés que acaba de grabar bajo el nombre The Mike Cooke Band, y espera editar en los próximos meses, podría ser toda una revelación para el rock nacional, sino fuera porque Mike tiene 67 años, canta solo en inglés y desde hace 42 viene presentándose con distintos proyectos musicales en fiestas regionales y pequeños pubs de la Patagonia, como El Sol Music Bar, de El Bolsón. Desde 2015, el escenario de ese lugar lleva el nombre «Mike Cooke» a modo de homenaje.

Hijo mayor de nueve hermanos, de padre militar y madre ama de casa, Mike nació en Leeds, en el norte de Inglaterra, pero en la adolescencia su madre formó pareja con un cineasta y se mudaron a un barrio de Londres en el que conoció a varios vecinos de su edad entre los que estaban Roger Daltrey, Eric Clapton y Keith Richards. «Tengo muchos recuerdos con ellos», dice ahora mientras arma un cigarrillo. «Cuando tenía 15 o 16 años, mi vieja me prohibía salir, pero yo me escapaba con un amigo por los bares clandestinos que permanecían abiertos después de las 23. Así conocí a Mick Jagger y sobre todo a Keef, con el que teníamos un amigo en común. Con Roger Daltrey, de The Who, nos conocimos de chicos y nos hicimos amigos. Después, cuando se juntó con [Pete] Townshend, le perdí el rastro. Todos hicieron una carrera musical increíble, pero yo me aparté de todo porque vine a Argentina.»

Atraído por músicos y bandas como John Lee Hooker, B.B. King, Bob Dylan y Los Beatles, en Londres abandonó la carrera de Bellas Artes para dedicarse a la música. Tomó clases de guitarra y, en tiempos de psicodelia, aprendió a tocar el sitar que le regalaron sus padres. En 1973 la familia decidió abandonar Europa para mudarse a la zona de Mallín Ahogado, cercana a El Bolsón. «Mi padrastro vino a filmar un comercial de shampoo en Bariloche y, recorriendo el sur, quedó tan deslumbrado por el paisaje que decidió mudarse con toda la familia.»

Mike (el segundo desde la derecha, con el sitar en la mano) en su chacra en El Bolsón, en 1977. Esta foto apareció en el número 12 de la revista El Expreso Imaginario con el epígrafe Bolson Blues Band

Para Mike fue como empezar de cero a los 22 años. Ninguno de los once integrantes de la familia hablaba español, por lo que el hermano mayor tuvo que aprender el idioma leyendo el diario con un diccionario que usaba de traductor. Trabajó en la construcción, levantando cabañas de troncos, vendió leña con un carro tirado por bueyes y, en los momentos libres, tocaba la guitarra y el sitar. La noticia de un gringo tocando un instrumento hindú en tierra de mapuches no tardó en propagarse por el pueblo. A los seis meses de haber llegado, armó con dos chacareros locales (Niky Briñones en bajo y Tito Eldauk en batería) El Bolsón Blues Band, el primer grupo de rock & blues de La Patagonia, y la noticia llegó hasta las páginas de Expreso Imaginario, que en su edición de julio de 1977 le dedicó un extenso artículo. «Tocábamos todos los fines de semana gratis para sacarnos las ganas», dice. «En aquellos años, acá no había mucho más que un cine, el cuartel de bomberos, el correo, un hospital y un almacén.»

Aunque reniega del término «vivir en comunidad», durante un tiempo convivió en un enorme caserón de troncos y chapas con familias amigas. Conoció a Miguel y a María José Cantilo, a Kubero Díaz y otros juglares de nuestro rock que en tiempos de dictadura buscaron refugio en la tranquilidad que ofrecía un paisaje de montañas, bosques de coníferas, ríos y lagos. Pero a comienzos de la década del 80 llegó a Buenos Aires siguiendo a una mujer que había conocido en el sur y a los pocos días apraeció por el Café Einstein con el sitar. Allí entabló una relación con Luca Prodan, Omar Chabán y Katja Alemann, que asegura ahora a RS tener un vago recuerdo de un inglés llamado Mike Cooke que frecuentaba el bar. «Se armaba cada despelote», dice Mike con una sonrisa. «Con Luca teníamos una atracción especial porque los dos habíamos recorrido el mundo y, musicalmente, conectamos al toque. El apego era puramente artístico, armábamos cosas de forma espontánea. Yo estaba con el sitar todos los días y él llevaba una caja de ritmos y un bombo con pedal que se ataba en la espalda.»

En los 80, Cooke viajó a Buenos Aires, se insertó en el circuito cultural y se codeó con leyendas como el Indio Solari y Luca Prodan. "Con Luca teníamos una atracción especial porque los dos habíamos recorrido el mundo y, musicalmente, conectamos al toque", dice

Otra de las personas que asegura tener un buen recuerdo de Mike tocando el sitar en un circuito de pubs del underground porteño es el Indio Solari, que en su reciente biografíaRecuerdos que mienten un poco le dedica unas líneas en las que describe con precisión que en la fecha previa al debut de los Redondos en la Ciudad de Buenos Aires, en el Centro de Arte y Música, «había tocado Mike Cooke, el intérprete de cítara…»

Cansado del ritmo vertiginoso de la ciudad, después de tres años en los que llegó a trabajar como músico para la Embajada de la India en la Argentina, a mediados de los 80 regresó a El Bolsón y armó La Roca, una banda de covers en inglés porque, dice Mike, sus problemas de fonética le impiden cantar en otro idioma. «En los 80 fuimos muy atrevidos, vivimos situaciones límites y casi todos sobrevivimos», dice acerca de las largas fiestas en El Bolsón, en las que experimentaban con sustancias. «Acá encontré total libertad para hacer lo que quería. Nadie me dijo que no.» Ahora con el apoyo de sus hijos, Francisco (lo acompaña también como guitarrista) y Valentina Cooke (cantante y pareja de Gaspar Benegas), acaba de grabar en un estudio de El Bolsón las diez canciones que formarán parte de su primer disco. Mientras espera la edición del álbum, Mike reparte su tiempo en otro proyecto musical: Acusticooke, una banda con la que hace versiones acústicas de temas de Eric Clapton, Los Beatles y Joe Cocker. «Me dijeron que hay que ponerle nombre al disco, pero yo no tengo idea. A mí lo que me gusta es ensayar y salir a tocar.»

Cooke en El Bolsón. "Me dijeron que hay que ponerle nombre al disco, pero yo no tengo idea", dice. "A mí lo que me gusta es ensayar y salir a tocar."

Fuente: La Nación | Revista Rolling Stone

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