¡NO SEAS ANSIOSO!

en Salud y Bienestar por

Según estudios recientes, los trastornos de ansiedad representan la patología mental más frecuente entre los argentinos. En 2018 se prescribieron 102 millones de recetas de ansiolíticos. Algunos datos.

Informe: diario Clarín, María Florencia Pérez

Ni melancólicos con tendencias depresivas, como sugiere nuestra cultura tanguera. Ni narcisistas sin remedio, tal como tantas veces nos catalogan observadores de otras latitudes. Ante todo, los argentinos somos ansiosos. Nos sudan las palmas de las manos, se nos cierra el pecho de angustia, vivimos con un temor atragantado, el tiempo nunca nos alcanza, las preocupaciones por el futuro nos convierten en fugitivos perpetuos del presente.

Las estadísticas lo confirman: el último Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental que se realizó en las ciudades más grandes de siete regiones del país dice que los trastornos de ansiedad representan la patología mental más frecuente en los argentinos. Más del 16 por ciento padece de este mal contemporáneo cada vez más extendido en las vertiginosas sociedades occidentales.

La investigación incluyó casi 4 mil participantes mayores de 18 años, representativos de aproximadamente un 50,1% de los adultos residentes en el país: los resultados determinan que lo más prevalente son las fobias específicas (6,8%), luego la ansiedad generalizada (3,9%), los trastornos de ansiedad por separación (3,1%) y el trastorno obsesivo-compulsivo (2,9%), seguidos por el trastorno por estrés postraumático, la fobia social, los trastornos de pánico y la agorafobia. Los estudios también demuestran que las mujeres son más proclives a sufrir de este mal. Ellas tienen casi el doble de probabilidades de padecer trastornos de ansiedad que los varones, pero también son más propensas a buscar un tratamiento porque no consideran a las enfermedades mentales ni a la asistencia terapéutica como un estigma.                                                  

Paula P. (37 años) siempre se autodefinió como “acelerada”. Le resultaba normal anticiparse o preocuparse por cosas que después ni siquiera sucedían. Lejos de ser un inconveniente, ése era un rasgo que en su vida profesional muchas veces se asociaba a la eficiencia y a la productividad. “Siempre fui la alumna ejemplar, la empleada perfecta. Estaba acostumbrada a ser la chica diez capaz de resolver veinte cosas al mismo tiempo. Mi especialidad y mi talento era el multitasking, mucho antes de que ese término se empezara a usar habitualmente. Las cosas se complicaron cuando me convertí en mamá y pretendí sostener toda esa autoexigencia en lo laboral y lo familiar al mismo tiempo. Me volvía loca la sensación de no poder tener todo bajo control como había hecho durante toda mi vida. Ahí empezaron la angustia permanente, la sensación de ahogo, de no poder respirar”, cuenta esta abogada que vio cómo aquello que consideraba una virtud devino en una patología que la obligó a pedir ayuda profesional.

¿La ansiedad tiene su origen en un tipo de personalidad perfeccionista, impaciente y orientada a la concreción de objetivos? ¿O es más bien producto de un contexto exitista y opresivo que afecta a todos por igual? Paso a paso. Los especialistas opinan que antes que nada es fundamental remarcar la diferencia entre la ansiedad como una respuesta natural del organismo ante una amenaza y el trastorno mental: “Como síntoma, está presente en la vida diaria de casi todo sujeto viviente. La alerta psíquica que podemos sentir ante diferentes situaciones es un indicador de salud mental. En cambio, cuando la ansiedad me imposibilita salir de mi casa (como sería una agorafobia) o me hace sentir que me estoy muriendo (como puede pasar en un ataque de pánico) estamos ante una situación claramente patológica”, detalla el psiquiatra y psicoanalista Juan Cristóbal Tenconi.

¿Es distinto en la mujer que en el hombre?

Cansancio, dolor de cabeza, contracturas, problemas gastrointestinales, sudoración y taquicardia son algunos de los síntomas físicos más frecuentes. Pero también los hay del tipo cognitivo: temores, angustia, irritabilidad, preocupaciones excesivas. Los indicadores de ansiedad son variados y no distinguen diferencias de género. Sin embargo sí existen factores biológicos, culturales y vivenciales que explican porqué las argentinas (y las mujeres en general) tienen mayor tendencia a padecerlos que los varones. Hay quienes sostienen que por ostentar una mayor capacidad de detectar y verbalizar estados emocionales, ellas pueden estar más predispuestas a experimentar varios pensamientos negativos sobre el pasado y el futuro que se asocian tanto con la depresión como con la ansiedad. Para María Laura Andrés, psicóloga e investigadora del Conicet, a esto se le suma el contexto socio cultural: “La inserción laboral de las mujeres (con las inequidades que a veces viven en relación a los varones) y la carga mental que supone la gestión de la vida familiar y del hogar (que continúa siendo mayormente responsabilidad de las mujeres) puede desembocar en experimentar e informar mayor cantidad de síntomas de ansiedad en la vida cotidiana que ellos”.

Más Clonazepam que mate

Las exigencias de la vida contemporánea son un condicionante ineludible en la salud mental de todas personas. A Mariano B. (42 años, empleado administrativo) lo agobian las presiones del ámbito laboral y la sensación constante de falta de tiempo. “En el trabajo todo es para ayer. Siento que no paro nunca, siempre abrumado por los pendientes. Durante años me la pasé haciendo horas extra con el objetivo de darle una vida mejor a mi familia. Cambiar el coche, el celular, mejorar el plan de la prepaga. Cada vez necesitamos más cosas y nunca es suficiente. Y a eso se le suma la desastrosa situación de este país. Me acabo de cambiar a un trabajo que parecía ser mejor, pero la alegría desapareció rápido: no sé cuánto voy a durar. Empezó una serie de despidos inesperados y mal comunicados. La incertidumbre es contagiosa y con síntomas preocupantes. Gente con ataques de pánico o que no puede ir a trabajar sin empastillarse. En la oficina, el Rivotril (el Clonazepam) ya corre más que el mate”, cuenta.

No se trata de un caso aislado. Desde el ámbito psicoanalítico, hay un registro contundente de esta problemática: “Hoy, como si hubiéramos viajado en el tiempo en la época del feudalismo, nos visitan en nuestros consultorios cada vez más pacientes que cumplen jornadas laborales de doce horas o más, que realizan un trabajo excesivo y que son hostigadas y hostigados por empleados con cargos más altos. La mayoría de estos consultantes no obtiene soluciones de sus empleadores ni cuenta con una vía de escape para esa fuente de estrés (y, con elevada frecuencia, de episodios depresivos mayores) que las licencias médicas prolongadas, las cuales a su vez reciclan las situaciones de estrés a otras modalidades (peritajes médicos, presión para regresar a sus puestos, amenazas de despidos, etc)”, escribe el médico psiquiatra Pablo Resnik, en su último libro, Vivir a mil. La ansiedad en los tiempos que corren (B Ediciones).

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