LA ERA WERETILNECK: UN ESTILO NUEVO EN RÍO NEGRO

en Comarca Andina/El Bolsón por

Un capítulo aparte y especial, merece sin dudas el recorrido político de Alberto Weretilneck, que ha sabido instalar en la Provincia un formato desconocido para la política y ha logrado que se ponga de relieve en el resto del país.

Lejos de aquél intendente de “buena gestión” como se lo presentaba a principio del 2010, cuando se preparaba su candidatura a vicegobernador de Carlos Soria y lejos también de aquélla decisión de continuar en el poder, luego del asesinato de Soria, apenas 20 días después de haber asumido y que lo convirtiera en el primer mandatario provincial, Weretilneck fue convirtiendo a Río Negro en el escenario de los consensos, para lograr los mejores resultados en la búsqueda del poder, aún con los adversario más extremos.

En la arena política, parecía que se abría un nuevo capítulo después del 54% que obtuvieran con Soria, aunque también, como se sabe en la política, nada es para siempre y cuando se cree que algo comienza, en realidad está terminando o al revés.

El actual Gobernador debió sortear varios obstáculos clave, que ni siquiera tuvieron que ver con la propuesta de aquéllos tiempos, sino por ejemplo, con la muerte de Soria al comienzo y con la muerte de Carlos Peralta después, a los pocos meses de haber asumido en la vicegobernación. Dos golpes que lo podrían graficar “en soledad”, si se hiciera una lectura simple, ya que podría decirse que se encontró sin esos dos flancos que se habían dispuesto casi naturalmente.

Sin embargo, no sólo sorteó tales dificultades sino que comenzó a propiciar un estilo que en la Provincia no se conocía hasta el momento, pese a que parece difícil lograr un análisis de contraste, puesto que el Radicalismo había gobernado por 28 años, desde el 83, con cuatro mandatarios (algunos de ellos con dos períodos) y pese también a las formas que se podrían imaginar de Carlos Soria, que finalmente quedaron en el imaginario, tras sus breves 20 días de gestión.

No obstante, poco a poco supo generar los consensos necesarios para lograr adhesiones de todos los sectores (ya que no hubo partido, espacio político, agrupaciones u otros) que quedaran fuera de la invitación y la construcción de un estilo propio basado en el interés de Río Negro para los rionegrinos. Agregando a ello una herramienta que parece infalible, como la de pasarse todos los días de su mandato recorriendo cada ciudad, pueblo o paraje, por pequeño que fuera.

Hechos que lo ponen en un podio para el que el resto de la dirigencia tendrá que adaptarse y que hasta el momento no conoce precedente. Un componente que lo posicionó ante todo el país y con el que logró la interpelación de la Corte Suprema (al menos desde el discurso político), a partir de una estrategia pocas veces vista y prácticamente inviable, al menos en los anales políticos de la Provincia y quizás del país.

Porque además de haber logrado el mejor resultado en las elecciones, pudiendo llevar hasta el último momento su nombre en la campaña, Weretilneck, en el territorio político, le ganó al Gobierno nacional (puesto que desde la fuerza de Cambiemos se presentó el recurso para que se impida su participación); le ganó al máximo tribunal de Justicia de la Nación y le ganó a su principal adversario que además, es el hijo de quien lo había llevado en el 2011 hacia la posibilidad de acceder al máximo poder en la Provincia.

Lejos de los números, propiamente, aparece un escenario que define a ese estilo particular y deja a la vista cuestiones más de fondo que en el análisis inmediato subyacen pero que ejercen, sin dudas, una marca en el inconsciente de la población. Lo que se ha traducido primero en el resultado, aunque es posible imaginar un recorrido progresivo en la instalación de una forma de practicar la política.

Algo que sin dudas tiene un peso diferenciado y que escapa a la simpleza de analizar ganadores y perdedores. Ya que el recorrido habla también de un triunfo en la pulseada con los gremios, logrando acuerdos con ATE, que podrían ser impensados; en la confianza del electorado, al sostener a Arabela Carreras con la simple definición de: “debemos ser respetuosos… era la candidata a vicegobernadora y si yo no puedo, sigue ella…”, algo también impensado o por lo menos poco visto en la política del presente.

Aunque en el intento de analizar el liderazgo de Weretilneck, se podría decir que en sus estrategias no hay ganadores ni perdedores, sino la búsqueda permanente de consensos para lograr el máximo poder.

Un líder que omite los enfrentamientos innecesarios para gastar la energía en sumar fuerzas, hacia una batalla en la que todos tendrán su parte pero bajo sus órdenes y también bajo la mejor definición que supo encontrar, que obra no sólo como ideal para los ciudadanos sino como síntesis de una definición práctica desde lo partidario: “Río Negro para los rionegrinos”.

Y en este escenario en el que será difícil retrotraerse, por la propia inercia de la sociedad y el dinamismo de la política, el Gobernador ya anunció cuáles serán sus próximos pasos en esta construcción que, al estilo de su gestión, no dejará fuera a ninguna ciudad, pueblo o paraje y en consecuencia a ningún dirigente, si es que quieren sumarse.

Apenas finalizadas las elecciones dijo claramente que el próximo paso es el de acompañar a los municipios en sus respectivas elecciones, que traducido a la esfera “Albertista” no es más que “vamos a ganar en todos los lugares”.

En ese sentido, existen dos aspectos que parecen esenciales en el recorrido de Alberto Weretilneck: por un lado seguir siendo el líder del proyecto político provincial, pese a que a partir de diciembre cambiarán las autoridades y por el otro, ratificar ese poder con peso territorial, siendo él quien se encargará de conducir el recorrido que de momento durará cuatro años. Y en el trayecto, habrá sin dudas una construcción específica hacia dentro de JUNTOS, donde será el propio Weretilneck el que formará y potenciará a los nuevos dirigentes con quienes podrá proyectar al partido para otros períodos de gobierno. Porque si hay algo que se puede suponer de Alberto Weretilneck es su vocación por el poder y la capacidad de proyección a largo plazo, a pesar de su habilidad para darle un sentido práctico al recorrido.

Para eso, ha logrado mixturar la habilidad para la lectura inmediata de los acontecimientos, la practicidad como la suscripción del plan de Obra Pública más grande de la historia provincial (como El Castello) y la cercanía con los ciudadanos, que lo transformaron de Gobernador a “El Alberto”, una categoría que, por causa o destino, lo posiciona con una vara más que elevada para las próximas gestiones.

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